Obra Reciente (2019-2022)

Dentro del ciclo «Gent que ens estima» el Ayuntamiento de Tona, ha promovido esta exposición de mi obra más reciente, en la cual he convidado al visitante a pensar en el origen de mi paleta de color y de los motivos que abordo.

Vengo de un lugar
Vengo de un sitio en el que un enorme río ha atravesado el corazón del Amazonas y se abre como un ramillete de corrientes en el Mar Caribe, por aquí pernoctaba –dicen- Sir Francis Drake en sus noches de corsario. Más allá, hay un sinfín de azules turquesas compitiendo con el azul índigo de una fosa marina que se ha rodeado de casas coloridas para que el sol ecuatorial las haga brillar.
Hay arenas blancas de coral molido sobre un transparente verdeazul líquido que comparten territorio con cuevas oscuras llenas de aves noctámbulas soñadas por Humbolt, mientras nieves perennes observan una profunda laguna negra. También hay montañas cuadradas bañadas por el sol, incubadoras de leyendas doradas, con una cascada de mil metros de caída libre a la que los indios ya conocían como Kerepakupai Merú. Hay una ciudad, en la que nací, en un valle, custodiada por un muro verde bonito que se viste de encajes rosas una vez al año.
Esos pigmentos se han mezclado en mi paleta y les he añadido los colores de mis nuevos lugares como un festín de rivales: pinos rebeldes sobre acantilados verdes, azules y turquesas, extrañas montañas aplanadas como diminutos tepuyes a los que, aquí, llaman turons -con esos grises que se tiñen de naranja entre rojos y azules para goce de mis ojos-, cimas altas y cristalinas con riachuelos brillantes que serpentean conducidos hacia un valle de contrabandistas, la forma caprichosa de otra montaña mágica entre rosas y verdes, un hayedo, una iglesia enterrada en un pantano que sale de vez en cuando a mirar la luz, un mar con historias infinitas enmarcado entre ginestas amarillas.
Mis viejos y mis nuevos paisajes se transforman en visiones de flores danzantes o misteriosas, cielos que, entre árboles, reclaman colores imposibles, historias jaloneadas por las prosas persistentes en libros que no son para leer, todos vienen de esa paleta plena de colores, sensaciones y recuerdos.
Creo que sólo se puede entender una obra si se comprende dónde se han forjado sus colores.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.