Rayda Guzmán Studio

In-Tensa Natura

Exposición en el Colegios de Arquitectos de la Cataluña Central, Vic.

del 10/12/20 al 18/01/21

Naturaleza intensa que se desborda y nos sobrecoge recordando la sensación de lo sublime. In-Tensa, tensión provocada entre el espacio que natural y el imaginado: continente y contenido.

En las series que presento “Aquellos árboles que vivimos” y “Flores de buen ver” hay una aplicación de color para favorecer la pintura en negativo y dejar que las manchas dejen su imprenta en las retinas. Se trata de endurecer el contorno de la realidad y buscar intencionadamente el rechazo entre los materiales, como quien sabe que, la comunión entre opuestos siempre deja trazos caprichosos: texturas, colores, volúmenes. Entonces surgen cortezas de maderas diversas o mezclas de colores que, con movimientos del soporte intento dirigir con mediano éxito: es la naturaleza y el azar que se imponen.

Es la repetición y diferencia de elementos fragmentados que, sin pretensión de realismo narran ese instante en que frontalmente esa In-Tensa Natura sale a mi encuentro.

Una naturaleza intensa que interpela nuestros sentidos limitados y que, para poder ir más allá de la superficie se atreve a imaginar troncos llenos de vida escondidos detrás de las cortezas quebradas y endurecidas, o quizá flores fantásticas que se arremolinan entre hojas y ramas caprichosas en colores y formas.

In-Tensa Natura es muestra e interpelación, es un viaje para encontrar, sea por rechazo o por aceptación la manera cómo la naturaleza se le aparece al imaginario particular de cada uno: a veces es añoranza, otras, quimera, deseo imposible, incomodidad, indiferencia. Sea como sea, se trata de una invitación a pensarnos como parte de ella, sea aceptando su intensidad o la tensión que supone.

LA GRAN FRAGMENTADORA.

TANIA HERNÁNDEZ*

Cuando veo los cuadros de mi amiga, Rayda Guzmán, artista y filósofa, me atrevo a anunciar su pintura como arte y técnica. Rayda planifica, sueña y acaricia la idea antes de plasmarla en sus lienzos. Su claro dominio del color le permite lograr formas que se despliegan en infinidad de imágenes a través de combinaciones entre las cuales se establecen espacios de juegos libres, azarosos, imaginarios.

Esos paisajes de árboles que provocan una especie de ensueño mediante los vacíos que dejan colar franjas luminosas: azules, rosadas, verdes que parecen generar una pausa, y en esa pausa la claridad del día, de la noche, del instante. Es el mundo lírico de Rayda, el de aquellos árboles que vivimos.

Entonces, imagino a Rayda en su taller allá en Vic pintando y yo aquí en Venezuela escribiendo esta nota, viendo esos cuadros en la pantalla de mi computadora y, a pesar de la distancia, ellos me deslumbran con blancos que irradian colores, con su ausencia de líneas, todas las imágenes dependen del color ya no como metáforas, sino como acción filosófica: hay que pensar, allí hay que ver, buscar, entender figuras. Todo se presenta armoniosamente unificado, bajo una cálida luminosidad a veces roja, otras azul o blanca, como si se desprendiera de un oculto sol central.

En su pintura no hay ingenuidad, hay trabajo pensante. Pienso que su estilo literario se traslada a su obra plástica, al igual que su prosa, ella pinta claro y sin tapujos. Y no es por desparpajo o descuido es por su afán de claridad. Mientras los filósofos, como decía Nietzsche, “enturbian las aguas para que parezcan más profundas” ella como buena nietzscheana, usa trazos limpios para ser ‘vista’ por el espectador. Y como si de un trabajo filosófico se tratara, la veo reestructurando imágenes grabadas en su retina, confrontándolas con el mundo del arte o con su propio imaginario.

Quizá no pinte para contentar a nadie, quizá pinte para contentar a todos los que entren en el juego. Por ello me llama la atención la laboriosidad, la desfragmentación y la actitud lúdica que emulan el quehacer de uno de los autores de los que es especialista: Nietzsche, el gran fragmentador.

(*Doctora en Sociología y artista plástica.)

LLUEVE EN EL PINCEL DE LA PINTORA

ERICK GONZÁLEZ* 

Llueve en el pincel de la pintora.

Y yo no sé nada de pintura.

Me gusta encontrar entre las manchas y colores

un signo de algo que me hable en susurros,

una mancha que señale que algo ha sucedido

que, como siempre,

me he perdido algo,

que no he llegado a tiempo de ver,

o que he visto pero, no he podido mirar,

o que, más bien, en el cuadro,

ahí dentro,

ahí fuera

hay algo que me mira

pero, sin saber qué mira

ni cuál ha sido la intención del agua

al caer así, de lado, con tristeza,

alegría de cuadro.

 

Me encuentro delante del cuadro de la pintora

y sobresale un paraguas.

Hay que decir que un paraguas

no es un objeto cualquiera,

no es cualquier objeto

¿Cómo es posible –me pregunto inquieto-

pintar con lluvia un paraguas sin mojarse?

Mi tía, la pintora, es lluvia.

Eso la hace–desde mi ignorancia-

surrealista sin serlo.

Eso la hace Magritteana,

en acuarelas, aguavivas, aguamalas.

 

Su pintura,

el agua, el cuadro, es una medusa.

Nunca supe ver las medusas,

o aguamalas

mientras nadaban anhelando pantorrillas.

Nunca supe dibujar una casa,

tampoco mi tía

pero, su mancha, sin tinta, sucinta y delicada

nos enseña, que entre los arbustos se abre,

se cierra,

una puerta,

una puerta,

¿una puerta?

Un cuadro es una ventana?

Esto es una referencia,

una cita que no voy a hacer,

una reverencia sin autor.

Mi tía, la pintora, es pintura, agua,

es lluvia sin nombre,

es un nombre que se mueve

Rayda.

 

Un cuadro no es una ventana,

un cuadro es una mancha de lluvia,

es agua de la que brota una pintora,

ficción que crea árboles

lumínicos, luminiscencias abiertas,

árboles sin sombra,

idea terrible…

maldita.

 

Medusas buenas cuelgan como algas

de árboles de luz,

Araguaneyes perdidos,

abrazos de abetos de costas bravas,

Pirineos,

olvido.

Medusas cuelgan de tus manos, tía,

y yo escribo estas líneas, en contra,

hago la contra, a lo que me has pedido.

 

Tu pintura,

esta pintura,

borra mi inteligencia y

me sumerge en un mundo inacabado.

Los colores y sus ritmos miran,

¿qué miran?

Miran a la vida en la palabra

y se burlan,

se burlan de nosotros

charlatanes,

nosotros.

(* Psicoanalista y Escritor)

 

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