La oportunidad de mi vida

Estar en el momento oportuno en el lugar oportuno, esa es la consigna del kairós de los griegos o lo que nosotros entendemos por oportunidad. Todos soñamos con la nuestra. Yo me doy cuenta de que cuesta enumerar las magníficas oportunidades que nos han traído hasta aquí, hasta este presente que sólo tiene como referente esta taza de café y unas cuantas preocupaciones cotidianas.

El trabajo, la factura por pagar, una lavadora pendiente, un mensaje de correo. Hay un libro por leer, un viaje por hacer. Esta tarde o mañana hemos de pasar por la tienda. Hay que pagar los impuestos. Devolver la llamada. Llegar a tiempo.

Nada de eso parece demasiado prometedor y no tiene el aspecto de una oportunidad, huela a rutina, a cosas banales, rutinarias o vulgares. Si lo examinamos con atención cada una de nuestras actividades cotidianas son en su conjunto el resultado de una oportunidad, el que nos parezcan aburridas e incluso despreciables, tiene que ver con la manera en qué consideramos nuestra vida.

Tener un trabajo, aunque sea aburrido o despreciable es una oportunidad para aprender lo que no queremos seguir haciendo, de nosotros dependerá aprovechar ese desánimo para superarnos. Quizá podamos descubrir un talento que no teníamos o acaso hasta dónde podemos llegar por dinero. Una lavadora es el resultado de haber llegado a una casa y de tener qué lavar. Responder ese mensaje es ser atento con una persona, descubrir una nueva relación o mostrar responsabilidad.

Cada pequeña cosa que conforma nuestra cotidianidad es parte de una oportunidad, sólo hay que saber hilar fino para saber de dónde viene.

Conviene cultivar la observación de los pequeños detalles como parte de una gran oportunidad. Es la filosofía la que enseña a ver las conexiones lógicas entre las cosas.